- Thứ 7 Tháng 6 05, 2010 3:17 pm
A Mexican student in a Vietnamese school by igualteco on Mon Mar 22, 2010 12:14 pm
Por un periodo largo, yo le había estado preguntando a un compañero Vietnamita, ya que él era un cinta negra en artes marciales, que me enseñara Kung Fu, pero él me seguía diciendo: “luego, luego….”
Un Sábado durante la hora de nuestro almuerzo, el me preguntó, que si yo todavía estaba interesado en aprender Kung Fu, yo le ¡dije estoy listo! Así que nos fuimos a la sala de conferencia, el cual era suficientemente amplio para poder desarrollar los ejercicios y así empezar mi primera clase de Kung Fu.
Me dijo que me sentara en el piso en el estilo de loto y que pusiera mis manos juntas y enfrente de mi frente y que él iba a rezar por mí para que yo recibiera la fuerza del Espíritu Santo (Holly Force) y que yo después de recibirla iba a tener un Maestro invisible que me iba a enseñar Kung Fu. ¡Yo dije dentro de mí! ¿Que broma es esta? El me estaba mirando seriamente y me solicito que continuara y por seguro yo tendría un Maestro invisible y él me iba a enseñar lo que quería. Así que empecé a rezar el Padre Nuestro e inmediatamente empecé a sentir una fuerza que me movía las manos hacia abajo como saludando a un ser superior. La fuerza era extraña pero muy real. Era como una fuerza electromagnética haciéndome mover las manos graciosamente. Entonces de repente que se me aparece una cara de un hombre asiático, como de 65 a 70 años y me miraba fijamente sin pronunciar palabra, entonces me dio miedo y paré de rezar y abrí mis ojos. ¿Mi amigo me preguntó? Porque había parado y le contesté lo que sentí, lo miré Repentinamente, me paré y Salí del lugar. Yo no sabía que estaba pasando y después ya no quise hablar de esta experiencia con él.
Tres meses pasaron y ya no se habló más del asunto, pero un día cuando yo estaba afuera de mi casa oyendo música en mi carro, me acordé de aquella experiencia y pensé que si lo que había pasado era cierto o me lo imaginé. Así que quise tratar otra vez. Tan pronto empecé a rezar mi mano derecha se empezó a mover fuertemente hacia la izquierda y hacia la derecha. La fuerza era muy fuerte y duró bastante tiempo, con lo cual me convencí que era real y verdadero. Muy excitado me metí a la casa y le platique a mis esposa (en ese tiempo me estaba divorciando) y le dije: “si rezamos juntos, yo le voy a pedir a Cristo que te envié tu Ángel de la Guarda y tu vas a sentir su presencia de inmediato”. Aunque ella me miró y pensó que yo estaba volviéndome loco, estuvo de acuerdo y empezó a rezar enfrente de nuestro pequeño altar. Parada puso sus manos juntas enfrente de la frente como yo le indiqué y empezó a rezar en el nombre de Jesucristo. Sus manos se empezaron a mover hacia el frente como si estuviera saludando a alguien y mostrando el respeto hacia un ser más elevado. Sus pies empezaron a temblar y yo pensé que le estaban indicando que se hincara y que ella se estaba resistiendo. De repente como si una fuerza invisible le moviera los pies, sus rodillas se doblaron y ella cayó al suelo de rodillas fuertemente, pero sin ser lastimada. Fue tanta la sorpresa que no pudo evitarlo y empezó a llorar toda emocionada.
Al siguiente día le platiqué a mi amigo del trabajo de estas experiencias y me preguntó que si quería aprender más de la fuerza del Espíritu Santo. Me invitó a la casa de su mamá y me presentaron a toda la familia. Ahí tuve la oportunidad de conocer al Gran Maestro Trieu Phuoc y varios de sus discípulos. Eventualmente fui a las reuniones que se llevaban a cabo en esa casa los fines de semana. Ahí pude presenciar a mucha gente practicando Kung Fu guiados por la fuerza del Espíritu Santo, cuando ellos nunca habían practicado Artes Marciales. También presencie unas muchachas siendo guiadas por la fuerza del Espíritu Santo bailando como si fueran bailarinas Japonesas, moviendo sus manos graciosamente como nunca había visto antes.
Un día el grupo decidió empezar a enseñar artes marciales a los niños y me preguntaron si podía traer a mi Hijo Juanito, que era un niño de 9 años en ese entonces. Los niños tenían que rezar antes de empezar la clase. Noté como todos estaban concentrados rezando, pero él no lo estaba haciendo al contrario me volteó ver con su cara extrañada y supe que algo no le gustó. Le pregunté, que era lo que pasaba y me dijo que él no quería rezar porque cuando lo empezó a hacer sentía que salía de su cuerpo y le dio mucho miedo. Le expliqué que lo que estaba sintiendo era que la Providencia le estaba aceptando sus rezos. Desde entonces él siguió teniendo sus experiencias fuera del cuerpo pero ya sin sentir miedo.
En ese entonces uno de los discípulos del Maestro predijo que uno del grupo iba a tener el tercer ojo el siguiente fin de semana. Lo cal fue cierto Un compañero llamado Long empezó a tener visiones de Buda, Cristo, La Virgen María, Ángeles y arcángeles flotando arriba de nosotros y también miró que cuando empezaba la ceremonia y todos rezábamos, afuera habían Ángeles y deidades cuidando la casa. Como él era el único que lo estaba viendo, yo estaba un poco incrédulo acerca de estas visiones. Sin embargo unos meses más tarde mi hermana vino de México, la inicié y cuando fue introducida al grupo ella desarrolló el tercer ojo también y describió las mismas visiones que Long nos había platicado. Mi hermana solo vino a CA por un periodo muy corto y además ella no sabía nada acerca de las visiones de Long.
Luego escribiré más acerca de las experiencias divinas de mi hijo y mi hermana.
Por un periodo largo, yo le había estado preguntando a un compañero Vietnamita, ya que él era un cinta negra en artes marciales, que me enseñara Kung Fu, pero él me seguía diciendo: “luego, luego….”
Un Sábado durante la hora de nuestro almuerzo, el me preguntó, que si yo todavía estaba interesado en aprender Kung Fu, yo le ¡dije estoy listo! Así que nos fuimos a la sala de conferencia, el cual era suficientemente amplio para poder desarrollar los ejercicios y así empezar mi primera clase de Kung Fu.
Me dijo que me sentara en el piso en el estilo de loto y que pusiera mis manos juntas y enfrente de mi frente y que él iba a rezar por mí para que yo recibiera la fuerza del Espíritu Santo (Holly Force) y que yo después de recibirla iba a tener un Maestro invisible que me iba a enseñar Kung Fu. ¡Yo dije dentro de mí! ¿Que broma es esta? El me estaba mirando seriamente y me solicito que continuara y por seguro yo tendría un Maestro invisible y él me iba a enseñar lo que quería. Así que empecé a rezar el Padre Nuestro e inmediatamente empecé a sentir una fuerza que me movía las manos hacia abajo como saludando a un ser superior. La fuerza era extraña pero muy real. Era como una fuerza electromagnética haciéndome mover las manos graciosamente. Entonces de repente que se me aparece una cara de un hombre asiático, como de 65 a 70 años y me miraba fijamente sin pronunciar palabra, entonces me dio miedo y paré de rezar y abrí mis ojos. ¿Mi amigo me preguntó? Porque había parado y le contesté lo que sentí, lo miré Repentinamente, me paré y Salí del lugar. Yo no sabía que estaba pasando y después ya no quise hablar de esta experiencia con él.
Tres meses pasaron y ya no se habló más del asunto, pero un día cuando yo estaba afuera de mi casa oyendo música en mi carro, me acordé de aquella experiencia y pensé que si lo que había pasado era cierto o me lo imaginé. Así que quise tratar otra vez. Tan pronto empecé a rezar mi mano derecha se empezó a mover fuertemente hacia la izquierda y hacia la derecha. La fuerza era muy fuerte y duró bastante tiempo, con lo cual me convencí que era real y verdadero. Muy excitado me metí a la casa y le platique a mis esposa (en ese tiempo me estaba divorciando) y le dije: “si rezamos juntos, yo le voy a pedir a Cristo que te envié tu Ángel de la Guarda y tu vas a sentir su presencia de inmediato”. Aunque ella me miró y pensó que yo estaba volviéndome loco, estuvo de acuerdo y empezó a rezar enfrente de nuestro pequeño altar. Parada puso sus manos juntas enfrente de la frente como yo le indiqué y empezó a rezar en el nombre de Jesucristo. Sus manos se empezaron a mover hacia el frente como si estuviera saludando a alguien y mostrando el respeto hacia un ser más elevado. Sus pies empezaron a temblar y yo pensé que le estaban indicando que se hincara y que ella se estaba resistiendo. De repente como si una fuerza invisible le moviera los pies, sus rodillas se doblaron y ella cayó al suelo de rodillas fuertemente, pero sin ser lastimada. Fue tanta la sorpresa que no pudo evitarlo y empezó a llorar toda emocionada.
Al siguiente día le platiqué a mi amigo del trabajo de estas experiencias y me preguntó que si quería aprender más de la fuerza del Espíritu Santo. Me invitó a la casa de su mamá y me presentaron a toda la familia. Ahí tuve la oportunidad de conocer al Gran Maestro Trieu Phuoc y varios de sus discípulos. Eventualmente fui a las reuniones que se llevaban a cabo en esa casa los fines de semana. Ahí pude presenciar a mucha gente practicando Kung Fu guiados por la fuerza del Espíritu Santo, cuando ellos nunca habían practicado Artes Marciales. También presencie unas muchachas siendo guiadas por la fuerza del Espíritu Santo bailando como si fueran bailarinas Japonesas, moviendo sus manos graciosamente como nunca había visto antes.
Un día el grupo decidió empezar a enseñar artes marciales a los niños y me preguntaron si podía traer a mi Hijo Juanito, que era un niño de 9 años en ese entonces. Los niños tenían que rezar antes de empezar la clase. Noté como todos estaban concentrados rezando, pero él no lo estaba haciendo al contrario me volteó ver con su cara extrañada y supe que algo no le gustó. Le pregunté, que era lo que pasaba y me dijo que él no quería rezar porque cuando lo empezó a hacer sentía que salía de su cuerpo y le dio mucho miedo. Le expliqué que lo que estaba sintiendo era que la Providencia le estaba aceptando sus rezos. Desde entonces él siguió teniendo sus experiencias fuera del cuerpo pero ya sin sentir miedo.
En ese entonces uno de los discípulos del Maestro predijo que uno del grupo iba a tener el tercer ojo el siguiente fin de semana. Lo cal fue cierto Un compañero llamado Long empezó a tener visiones de Buda, Cristo, La Virgen María, Ángeles y arcángeles flotando arriba de nosotros y también miró que cuando empezaba la ceremonia y todos rezábamos, afuera habían Ángeles y deidades cuidando la casa. Como él era el único que lo estaba viendo, yo estaba un poco incrédulo acerca de estas visiones. Sin embargo unos meses más tarde mi hermana vino de México, la inicié y cuando fue introducida al grupo ella desarrolló el tercer ojo también y describió las mismas visiones que Long nos había platicado. Mi hermana solo vino a CA por un periodo muy corto y además ella no sabía nada acerca de las visiones de Long.
Luego escribiré más acerca de las experiencias divinas de mi hijo y mi hermana.